Cerro Aconcagua: referente indiscutido de la cordillera de los Andes

La región del Aconcagua forma parte de la Cuenca Alta del Río Mendoza, la cual abastece de agua para riego y consumo humano a una población superior a 1.000.000 de habitantes

Cerro Aconcagua: referente indiscutido de la cordillera de los Andes
martes 16 de octubre de 2018

Sus particularidades ambientales hacen que el lugar sea frío y seco durante todo el año con temperaturas que oscilan entre los -2º por la noche a 30º durante el día en verano y -15º por la noche a 10º durante el día en invierno a los 2800m; inversamente, a medida que se asciende en altitud, la temperatura comienza a disminuir.

El área suele ser ventosa y en ocasiones soporta violentas ráfagas que superan los 200km/h. Los recursos hídricos del Parque incluyen numerosos glaciares que abarcan una extensión aproximada de 32km 2 , entre los que se encuentran los Ventisqueros Güssfeldt, Horcones Inferior y Superior, las Vacas y Glaciar de los Polacos.
Los deshielos de estos gigantes helados vierten sus aguas en los Ríos Horcones Superior e Inferior, por la Quebrada de Horcones, y en el Río Vacas por la Quebrada del mismo nombre. En menor medida, el área recibe también el aporte de agua en forma de precipitaciones principalmente níveas, que alcanzan una media anual entre 400-600mm.

La región del Aconcagua forma parte de la Cuenca Alta del Río Mendoza, la cual abastece de agua para riego y consumo humano a una población superior a 1.000.000 de habitantes.
La Cordillera de los Andes, producto de la interacción de las placas de Nazca y Sudamericana, se levantó hace aproximadamente 25 millones de años dando lugar a notables resaltos en el relieve , que quedan claramente expresados en la elevación exuberante del Cerro más alto del Continente Americano, lo que se denomina faja corrida y plegada.

Las caprichosas formas del paisaje en este sector de los Andes Centrales, en forma de “U”, se deben principalmente al modelado de los cuerpos de hielo (glaciares) que ocuparon posteriormente la mayoría de los valles mencionados , hasta aproximadamente 15.000 años atrás.

 

Patrimonio cultural

La región del Aconcagua ha sido transformada ancestralmente por el paso del hombre. Desde los aborígenes, el ferrocarril, la ruta trasandina, hasta la actual práctica del montañismo; el paisaje natural se ha visto moldeado por la cultura. Los alrededores del macizo fueron ocupados por distintos grupos sociales.

Los ejércitos del legendario Imperio Inca procedentes del Cuzco, invadieron el sector de la Cordillera Central, dejando su huella en la zona de Aconcagua, con una extensa red vial: el camino del Inca o Qhapac Ñán. Éste unía una gran diversidad de parajes y grupos sociales como los de Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. En la zona del cerro un grupo de expedicionarios hallo, en el flanco de la actualmente llamada “Pirámide” del Aconcagua, un fardo funerario de origen incaico, de un niño con ofrendas asociadas (sacrificio ritual o “capacocha”), indudable evidencia de su paso por el territorio.

 

Espectáculo visual

El Parque ofrece un paisaje de montañas de inmensas proporciones, con largos y profundos valles que contienen grandes espacios abiertos y vistas infinitas que se pierden a la distancia.

Del mismo modo, también brinda ríos rápidos y caudalosos marrones o rojizos, y arroyos de aguas blancas espumosas que bajan por las laderas alimentando pequeñas praderas y humedales de pastos verdes llamados “Vegas”.

Las diferentes formaciones geológicas ofrecen una variedad cromática de rocas grises, pardas, rojizas, blancas y veteadas. Éstas forman las distintas montañas que flanquean los vastos valles. El cordón montañoso presenta grandes desniveles entre la base y las distantes y elevadas cumbres.

Al adentrarse en el Parque y superando los 4000m, desaparecen a la vista los arbustos, hierbas y pastos, y protagoniza la escena el reino de alta montaña en el que dominan las rocas partidas por el congelamiento, los gigantescos cascajales o acarreos de roca, los glaciares de valle, las inmensas laderas que bajan desde las altas cimas, las grandes paredes de roca, los ventisqueros colgantes, los campos de nieve con formas de “Penitentes” y un imponente cielo azul oscuro.

Espacios infinitos donde el hombre dimensiona una escala natural gigantesca en proporción a la pequeñez y fragilidad humana.