Guía de los sentidos para localizar cerdos enfermos

Mediante la vista, la audición, el tacto y el olfato se puede descubrir si un animal está padeciendo algún trastorno y diferenciarlo del resto

Guía de los sentidos para localizar cerdos enfermos
jueves 08 de noviembre de 2018

Sabías que a través de cuatro de los cinco sentidos se puede observar si un animal está enfermo? Sí, por medio de la vista, la audición, el tacto y el olfato, podemos darnos cuenta si uno de los cerdos de un rebaño se muestra diferente al resto. A pesar de que este trabajo puede resultar largo y tedioso, es necesario realizarlo de manera urgente, debido a que cuanto antes se localice una anomalía, más fácil será después contrarrestarla. He aquí una guía paso a paso con la que aprenderás a usar todo tu ingenio sensorial para detectar enfermedades.
Primero que nada, es importante tener en cuenta que es más fácil corroborar la existencia de disimilitudes en cerdos individuales, que en un rebaño de mayor tamaño. Por medio de distintas señales visuales como adormecimiento, falta de apetito, escalofríos y pérdida de peso, el porcino nos advertirá que algo no está funcionado correctamente. Asimismo, es necesario corroborar diariamente la temperatura y la humedad a la que los animales están expuestos, así como la ventilación y el olor del corral. Si el cerdo se comporta de forma dispar, tiene hambre, se muestra intolerante a la presencia humana o si luce cambios anormales en lodos y camas, hay indicios de que algo le está sucediendo.
Al igual que el ser humano, el cerdo es un animal social que en condiciones saludables se muestra como parte de un grupo. No obstante, cuando contrae una enfermedad, suele descansar solo o hasta puede ser rechazado y atacado por sus pares. Sin embargo, cuando aumenta el número de porcinos enfermos, los animales tienden a amontonarse y mostrarse reacios a ser observados.

La falta de apetito se hace evidente cuando se verifica una caída en el consumo de alimentos. De ser así, se deben controlar los suministros de agua, que suele ser la causa más importante de inapetencia. En muchas ocasiones, la pérdida de peso también puede dar aviso de deshidratación por diarrea o neumonía. En caso de que la provisión de agua sea la habitual, la anomalía será causada por otro motivo. Por el contrario, si el cerdo tiene hambre y consume líquido en grandes proporciones, podría padecer estreñimiento.

Si en apariencia el porcino se muestra aburrido, descansa por demás y se niega a ponerse de pie o moverse, cuando anteriormente lo hacía sin problemas, puede deberse a una discapacidad física o irregularidades en las piernas. Además, temblores y levantamientos del vello por sobre el cuerpo pueden ser signos de enfermedades como meningitis estreptocócica o infecciones en las articulaciones, así como diarrea o cojo causado por bacterias en el torrente sanguíneo.

Los distintos tipos de descargas también pueden ser indicadores. Las que provienen de nariz y ojos podrían señalar una infección respiratoria, mientras que el exceso de salivación podría ser motivo de una enfermedad vesicular. Si una cerda tiene reiteradas descargas provenientes de la vulva, podría tratarse de cistitis, vaginitis, pielonefritis o endometritis. A su vez, cambios en las heces pueden señalar disentería porcina, infecciones por salmonella, ulceración gástrica o enteropatía hemorrágica proliferativa. Es importante corroborar el tamaño y la dureza de las bolas fecales, así como detectar la presencia de restos de moco o sangre. Si el animal está sufriendo algún padecimiento, también tendrá dificultades para defecar. El vómito puede denotar gastroenteritis o ulceración gástrica.

Cambios en la piel, como heridas rojas e inflamadas, pueden señalar lesiones agudas o crónicas por sarna y piojos. Estas pueden no ser evidentes a simple vista, pero si se les pasa la palma de la mano es posible corroborarlas. Por medio del tacto, también se puede medir la temperatura de la epidermis o la presencia de bultos.

Si el animal muestra un color azul en sus extremidades, podría estar padeciendo infecciones virales agudas, septicemia bacteriana o algún estado tóxico, como gripe, infecciones por síndrome reproductivo y respiratorio porcino, mastitis aguda, mestritis o neumonía. Es necesario palpar estas zonas del animal en casos de cojera, para prevenir fracturas o inflamaciones en las articulaciones. En cerdas recién paridas también se debe acariciar la ubre para localizar cambios tempranos de agalactia.

Si verificó alguno de estos cambios, es necesario comparar las tasas respiratorias de los animales. Aquí, se debe corroborar si la respiración proviene de un movimiento profundo del tórax, causado por la consolidación de los pulmones y la falta de oxígeno; o si la respiración abdominal es poco profunda, que indica pleuresía y dolor.

En caso de que uno de los cerdos muera, es importante observar el momento y el lugar donde ocurrió el deceso para poder registrar y comprender el problema lo antes posible, de modo de poder evitar que se propaguen las enfermedades.

En cuanto al olfato, los distintos olores que podemos percibir al entrar en contacto con los cerdos pueden ser producto de mala alimentación o tejidos infectados. A través de este sentido también podemos percibir si el animal está expuesto a tasas de ventilación deficientes, o a niveles de gases o humedad altos o bajos. Si algo que olemos nos incomoda como seres humanos, puede que también le esté molestando al porcino.

Por último, hay que tener en cuenta los ruidos. Si no hay sonidos cuando se ingresa a un edificio con cerdos, es posible que haya habido un desastre causado por electrocución, asfixia o altos niveles de gases tóxicos como monóxido de carbono o sulfuro de hidrógeno.

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