Innovación para el bien del planeta

Proyectos que mezclan lo social con lo ambiental, a través de las nuevas tecnologías, marcan la diferencia

Innovación para el bien del planeta
jueves 29 de noviembre de 2018

La mayoría de las personas asocian la palabra innovación con la creación de algo nuevo y novedoso. Si bien la palabra, que proviene del latín innovatio, significa eso, la realidad es que también se puede innovar dándole una nueva interpretación a algo que ya existe. En la actualidad, con los avances tecnológicos aplicados a las diversas problemáticas relacionadas con el cambio climático, la contaminación y la discriminación, muchas empresas optan por abrirse a mercados desconocidos, sumándose a causas sociales o medioambientales.

“La innovación propone el uso de una nueva metodología para conseguir soluciones más eficaces a las que ya existen, o soluciones a problemáticas que aún no contaban con una resolución. Cuando no se puede solventar una situación con las herramientas existentes, se deben buscar nuevas opciones. La innovación también se trata de tomar las tecnologías y aplicarlas en un campo distinto. Es la oportunidad de generar respuestas nuevas a problemas viejos”, manifestaron Rosario Semenzato, Gisela Riveiro Oyarzabal y Elisa Romero Zapiola, desde Socialab, una de las redes de solucionadores de problemas más grandes del mundo, con presencia en Argentina, Chile, Colombia, México, Uruguay y Guatemala.

Desde esta empresa, aseguran que las compañías están interesadas en avalar proyectos de emprendedores creativos, porque a veces representan modelos de negocios innovadores y nuevas maneras de generar valor. Además, reconocen que hay una nueva tendencia que implica asumir responsabilidades con la sociedad y el ambiente, y se comprometen con ellas. Con esto, se consigue que los proyectos se mantengan económicamente, y se fomenta a que otros los tengan en cuenta.

Según una investigación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la industria textil es la segunda más contaminadora del planeta, después de la petrolera, ya que produce el 10% de las emisiones de carbono en el mundo y el 20% de las aguas residuales. Por ese motivo, muchas firmas optaron por cambiar sus metodologías, aunque siguen generando serios impactos en ríos y océanos. Se estima que para producir un par de pantalones se necesitan cerca de 10 mil litros de agua, una cantidad mucho mayor a lo que bebería un ser humano en el curso de diez años.

Con el objetivo de perfeccionar prendas que apuesten a materiales más nobles, Agostina Trovato y Gabriela Rivero fundaron en 2013 Get Wild!, una marca de ropa hecha con fibra de bambú. “La idea fue usar un material ecológico para la producción de ropa interior, que fuera apto para pacientes oncológicos en tratamiento de radioterapia”, señaló Trovato.

El proyecto comenzó cuando, durante un grupo de estudio sobre estilo de Vida y sustentabilidad, Trovato empezó a investigar sobre la producción de fibras naturales y conoció la de bambú. Luego de tres años de investigaciones, junto con Rivero, en 2016 realizaron sus primeras remeras y lanzaron un e-commerce para generar un impacto social y ambiental positivo.

“La fibra de bambú, devenida en tela, es suave como la seda y tiene las propiedades de un dry fit, así que es ideal para usarla todo el año y hacer deporte”, enfatizó Trovato, quien también es licenciada en Sociología. Cabe destacar que esta tela absorbe cuatro veces más humedad que el algodón y es termoclimática, es decir, mantiene la frescura en verano y la calidez en invierno. Además, tiene propiedades hipoalergénicas y antibacterianas, gracias a la presencia de kun de bambú, un agente antimicrobiano que ayuda a la planta a resistir los ataques de hongos y plagas, de modo que es altamente recomendable para pacientes oncológicos o con piel delicada, psoriasis, alergias o albinismo.

Asimismo, el bambú crece en terrenos hostiles y no requiere tierras fértiles, nutrientes ni plaguicidas. Durante los primeros 4 a 7 años desarrolla sus raíces y más adelante sale a la superficie para crecer indeterminadamente entre 30 y 100 centímetros diarios. Además, no requiere grandes cantidades de agua, lo que lo convierte en un recurso ecológico de fácil regeneración.

“Comenzamos con una inversión de nueve mil pesos para la producción de la indumentaria, y después nos conectamos con personas claves para usar los recursos disponibles”, comentan sus creadoras, quienes poseen una producción de mil unidades mensuales, entre remeras, calzas, pantalones, medias y ropa interior para adultos, bebés y niños, aparte de colecciones cápsula y cobrandings (de otras mil unidades), con otras marcas que incorporan su sello eco-friendly.

 

A su vez, la ONU también informó que el plástico provoca graves efectos en los cuerpos de agua. Como este material es clave para el progreso humano, una alternativa para seguir usándolo sin perjudicar el medio ambiente es a través de los bioplásticos, es decir, su versión biodegradable, fabricada con recursos renovables, como el almidón de maíz y aceites vegetales, que en el transcurso de 90 días no deja rastros de ningún tipo.

Maximiliano Baranoff, cofundador de Mamaland, compañía de productos biodegradables y compostables de diversos formatos para distintas aplicaciones, supo de entrada que podía aportar su granito de arena con este material, ya que generan un impacto directo y visible. “En 90 días podíamos cambiar algo de uso cotidiano que se consume de manera masiva y perjudicial para el ambiente, por algo que tiene un resultado positivo inmediato”, subrayó.

Las bolsas de esta empresa se hacen a partir de maíz, en un proceso que ahorra energía, debido a que para la extrusión de la misma (cuando se derrite el material) se necesita una temperatura de 120 grados, 80 grados menos que para el polietileno.

A nivel mundial, el bioplástico existe desde la década de los 90 y su uso fue creciendo muy de a poco. Su participación en el mercado es del 1%, porcentaje que fue subiendo en los últimos 7 años. Se prevé que para 2025 los números sean aún mayores por dos razones: la demanda social, y una demanda productiva que se alinea con distintas regulaciones. “A pesar de que es un poco más caro, a algunas empresas les permite llegar a nuevos mercados, principalmente a los europeos”, reveló Baranoff.

De todas maneras, desde Mamaland comentan que aún no se fabrica la materia prima en Argentina, pero que su trabajo genera una demanda consistente.

Mamaland colabora con empresas y municipalidades, debido a que las bolsas bioplásticas son ideales para la gestión de los residuos de poda, porque permiten compostar todo junto. Además, se pueden encontrar en las plazas de la Ciudad de Buenos Aires para recoger desechos de animales.

 

Otro forma de innovar que están implementando muchas empresas es la de contratar empleados con discapacidades. Según Gabriel Marcolongo, confundador de Inclúyeme, un portal de empleo inclusivo que se enfoca en la incorporación laboral de personas con discapacidades con presencia en Argentina, Chile, Perú y México, en nuestro país hay un millón de personas con algún tipo de discapacidad que está desempleada. Por ese motivo, decidió implementar este proyecto que impulsa la adaptabilidad al cambio, la resiliencia, la superación de adversidades y el liderazgo de las personas con discapacidades.

El aumento de este tipo de políticas empresariales que hubo en los últimos años se debe, para Marcolongo, a la agenda pública –debido a que en algunos países es obligatorio para las empresas contratar un porcentaje de personas con discapacidad–, a la sugerencia de los empleados y a un componente generacional, que hace que los jóvenes no tengan preconceptos a la hora de compartir el espacio laboral.

Inclúyeme es una empresa B, comprometida a generar un cambio, cuyo foco está en la incorporación de personas con discapacidad. Ellos le cobran a las empresas por el servicio de publicación de aviso y por las tareas de consultoría, con los mismos precios del mercado para que no haya impedimentos en su promoción. “Tenemos dos indicadores: uno del impacto social, que refiere a la cantidad de personas con discapacidad que ayudamos a conseguir trabajo, y un indicador económico, que muestra qué tan sano es nuestra operación para poder seguir haciéndolo la mayor cantidad de tiempo posible”, precisó Marcolongo. Entre sus logros, la compañía consiguió más de 350 clientes y más de 1.300 personas empleadas.

Tras un viaje por el viejo continente donde descubrieron que una panadería le agregaba publicidad a sus bolsas, Nicolás Grichener y Rodrigo Dos Santos, decidieron fundar InfoPan. “Hicimos una investigación de mercado, adecuamos el producto al país y le agregamos valor, usando papel ecológico, generando así una red de ayuda entre panaderías y comedores sociales”, relatan.

InfoPan provee de bolsas de papel certificado FSC de manera gratuita a una red de panaderías de las distintas provincias del país. En cada lugar donde se encuentra la compañía, se le asocia un franquiciado de la región, quien será el contacto con los establecimientos. De esta manera, las panaderías obtienen beneficios al hacerse de recursos sin costo, y los comedores que integran la red reciben donaciones, a través de la Fundación Banco de Alimentos.

Además, los empresarios locales cuentan con una herramienta innovadora para la difusión de sus productos o servicios, que cuenta con un número de lectores que va desde las 40 mil lecturas en comercios locales, hasta las 5 millones de lecturas en anuncios de grandes compañías. Hasta ahora, desde sus inicios en 2012, llevan reemplazadas más de 16 millones de bolsas de plástico y salvados diez mil árboles al año.

Con 120 franquicias distribuidas en 18 provincias, que cubren más del 80% del territorio nacional, tienen planificado arribar en 2019 a dos países de América Latina. Cada franquicia tiene un valor de 180 mil pesos sin impuestos, y habilita a operar en tres zonas. El recupero de la inversión se realiza a los seis meses, con una facturación promedio de 90 mil pesos mensuales.

“Los avisos publicitarios tienen un costo de $900 hasta $5.600, se compra la exclusividad total y se puede elegir el color de la bolsa. La permanencia mínima es de cuatro meses y después se puede modificar el aviso. La ganancia neta promedio es de 60 mil pesos al mes”, manifestaron sus creadores.

 

Por último, Wayra, la red que conecta a Telefónica con los disruptores tecnológicos de todo el mundo, cuenta con un modelo de aceleración, que aporta valor a empresas digitales en crecimiento. Inició en 2011 con sus operaciones y ya lleva dinero invertido en más de 50 compañías.

“La innovación pone la tecnología al servicio de nuevos productos y servicios con rentabilidad e impacto positivo, mejorando la eficiencia y productividad de las empresas internamente”, concluye Karen Mirkin, Business Manager Wayra Argentina.

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