¿Cómo darte cuenta si tenés pasta de emprendedor?

Para descubrir si naciste con la habilidad de llevar adelante un proyecto, te damos una serie de características que todo emprendedor debe tener

¿Cómo darte cuenta si tenés pasta de emprendedor?
viernes 04 de enero de 2019

Para saber si estás preparado para lanzar un emprendimiento, es necesario que tengas en cuenta una serie de cuestiones. Quien sale al mercado debe ser una persona firme, con ideas desarrolladas y la capacidad de administrar un grupo que, además, sea un líder nato y no se frustre si sus objetivos no se cumplen en el corto plazo.

Para darte cuenta si emprender es lo tuyo, te damos una serie de características que debés tener antes de lanzarte a la suerte:

- Optimismo. Un emprendedor que decide llevar adelante un proyecto, debe estar dispuesto a arriesgar lo poco o mucho que tiene en el bolsillo. Es una persona que se compromete con un espíritu optimista.

- Curiosidad. Es una persona curiosa que se interesa por todo las 24 horas del día. Actúa en función a sus curiosidades, no deja que el mundo lo sorprenda, sino que va hacia él.

- Carácter perseverante. Es una persona que vive motivada y difícilmente se da por vencido.

- Confianza. Confía de manera absoluta en su proyecto y en sus capacidades de sacarlo adelante. Es capaz de tomar decisiones de forma decidida, sin miedo y con confianza en sí mismo, aunque el resultado no sea el esperado.

- Liderazgo. Tiene la capacidad y disposición para asumir la guía, dirección y responsabilidad de trabajo en un grupo de personas.

- Capacidad de desarrollar una idea. Cuenta con la visión, imagen o proyección a futuro que tendrán sus productos, al tiempo que sabe qué tipo de organización necesita para llevarlos adelante. Sabe ver más allá, puede visualizar la empresa y su éxito, y sabe cómo transmitir esa imagen a su entorno, compuesto por familiares, amigos, entidades financieras, clientes y proveedores.

- Capacidad de iniciativa. Tiene la creatividad y capacidad para encontrarle soluciones a problemas viejos o incluso plantear nuevos problemas. Sabe romper con lo establecido para buscar nuevas maneras de afrontar la vida. No basta con tener ideas, es necesario tener en claro cómo se las va a desarrollar. El emprendedor hace foco en sus oportunidades, y a partir de ahí, empieza a buscar los medios que le permitan encontrar la respuesta antes que otros.

- Conocimiento del mercado. Es capaz de explicarles a los consumidores para qué sirve su producto o servicio y en qué aspecto mejorará su vida. Está con los ojos abiertos constantemente: sus proyectos nacen a partir de las necesidades y complicaciones que visualiza en su entorno. Conoce el sector y el mercado en el que se va involucrar, porque comprende de qué se trata su producto.

Para saber si existe una oportunidad de negocio dentro de un marco determinado, hay tres variables a tener en cuenta: el mercado, la tecnología y el equipo. Lo más importante es que haya mercado; después es necesario plantearse qué podrá detener a la competencia en el caso de que quiera copiar nuestro producto. Si se prueba en un mercado nuevo, es preciso saber la argumentación que explica qué cambio se produjo en los consumidores o el sector para que surja esa posibilidad, mientras que si se trata de un mercado maduro, se debe tener en claro en qué medida y de qué forma seremos capaces de modificarlo.

- Visión a mediano y largo plazo. Cuenta con la capacidad de proyectar su negocio más allá del corto plazo. Tiene un proyecto que visualiza a futuro, y está dispuesto a ilusionarse, innovar y arrastrar a un equipo detrás de él.

- Disponibilidad a arriesgar la estabilidad familiar. Asume riesgos y dedica todas sus energías en el proyecto. Está dispuesto a trabajar por demás, arriesgando relaciones familiares.

- Disponibilidad a perder dinero. Sabe que va a haber momentos en los que va a subsistir con pocos beneficios, pero no le teme a las adversidades. En caso de que el proyecto no funcione, intentará no frustrarse.

- Control de frustraciones. Puede ocurrir que en determinado momento un emprendedor se tenga que enfrentar a ciertas dificultades o imprevistos que lleven al fracaso. Es necesario saber hacerle frente y tener la capacidad de perseverar.

- Capacidad de adaptación ante cambios. Se caracteriza por su capacidad de adaptarse a distintas condiciones. Es hábil para sentirse a gusto en diversos ambientes y sabe tratar con personas diferentes a él. Es consciente de que sus objetivos no los va a lograr en soledad, ya que conoce que el desarrollo y éxito de su proyecto va a depender de las relaciones que establezca en todos los ámbitos, así que sabe que le conviene tener facilidad para dirigirse al resto, por lo que entrena sus habilidades de comunicación y negociación.

- Comunicación. Es un excelente comunicador, capaz de expresar deseos, necesidades, objetivos e ideas a socios, clientes y proveedores. Además, suele conocer la naturaleza humana y sabe vender sin ser agresivo. Distingue cómo tratar y comportarse con las personas, y percibe cuál es el momento oportuno para entablar una negociación. El emprendedor nato prefiere las relaciones interpersonales laborales, que incluyen la capacidad de comunicación y obtención de información adecuada para cumplir objetivos y generar relaciones colaborativas.

- Habilidad para defender posturas. Un emprendedor confía en su proyecto y adopta cierta postura al momento de defender su idea de negocio. Está dispuesto a justificar sus opiniones, posiciones e intereses, y se hace completamente responsable ante la toma de decisiones. Es consciente de que se puede equivocar y sabe cómo usar esa experiencia negativa para que no se repita en el futuro. Asimismo, conoce cómo generar confianza en el equipo interno y en los proveedores.

- Habilidad para trabajar en equipo. Conoce las herramientas indicadas para reclutar un buen equipo: sabe delegar y aprovecha el potencial de cada uno de los integrantes. También intuye cuándo es el momento de seleccionar a sus colaboradores y percibe las situaciones para hacer equipos con empleados, socios y proveedores. Posee una habilidad de convicción, seducción, conocimiento y comunicación, para arrastrar a un grupo hacia un buen proyecto.

- Habilidad de negociación. Debe enfrentarse constantemente a la necesidad de negociar, tanto internamente con colaboradores, superiores o subordinados, como externamente con clientes, proveedores o socios. Es importante reflexionar cada uno de los procesos y no dejarlos a merced de la intuición, ya que esto puede producir malos acuerdos de colaboración, deteriorar relaciones o que se pacte en condiciones inferiores a las que se podrían alcanzar.

- Orientación comercial. Sabe cómo venderse y es un buen comunicador interno y externo. Conoce la manera de transmitir su visión de la empresa, qué y cómo quiere vender, y cuál es la imagen que proyecta dar. Emprendedor nace y se hace; para esto, se dan cursos presenciales gratuitos u online, para que antes de poner en marcha un negocio, la persona tenga conocimientos de gestión, finanzas y recursos humanos que le permitan desarrollarse.

Entre los conocimientos y habilidades para dirigir una empresa, un emprendedor debería tener nociones de: gestión financiera, contabilidad, estudio de mercados, publicidad, promoción, relaciones públicas, calidad de servicio a los clientes y fiscalidad.

- Orientación de recursos humanos. Sabe que el principal elemento que debe tener en cuenta al momento de seleccionar sus primeros empleados es el entusiasmo. No se trata de ser un gran consultor de recursos humanos, sino más bien de saber qué tipo de capital humano quiere que lo acompañe.

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