¿Por qué las rutinas y rituales son tan importantes para nosotros?

Una investigación asegura que hasta el 40% de nuestras acciones diarias están impulsadas por hábitos inconscientes que se fueron desarrollando con el paso del tiempo

¿Por qué las rutinas y rituales son tan importantes para nosotros?
sábado 09 de febrero de 2019

Así como el filósofo, escritor e historiador estadounidense, Will Durant, afirmaba en su libro “La historia de la filosofía” que “los seres humanos somos lo que repetidamente hacemos”, un estudio desarrollado en Norteamérica llegó a la conclusión que hasta el 40% de nuestras acciones diarias están impulsadas por hábitos inconscientes que se fueron estableciendo con el pasar de los años.

Además de aquello que hacemos en forma repetida día a día, para tener una vida equilibrada la mayoría de las personas realiza varias actividades diferentes, que constituyen rituales, es decir, acciones simbólicas que se efectúan en momentos claves, que sirven para terminar la jornada sin inconvenientes. Según la fundadora de Brain Pickings, María Popova, las rutinas y los rituales son dos caras de la misma moneda: mientras que las primeras apuntan a hacer que el caos de la vida cotidiana sea más llevadero, los segundos están destinados a aportarle a la realidad un elemento “mágico”.

En su forma más básica, se llama rutina a la serie de acciones seguidas que se realizan regularmente. Puede ser matutina y comprender las actividades que se realizan al despertar, como lavarse la cara, los dientes y desayunar, o nocturna, para relajarse después del trabajo. Todos tenemos alguna, aunque muchos crean que imitar las rutinas de las personas exitosas puede ser un paso hacia el triunfo, la realidad es que la mejor rutina para cada uno, es aquella que funciona mejor según su personalidad. En el trabajo, esto significa comprender los flujos y reflujos naturales de la energía del cuerpo y planificar el día de manera significativa, teniendo en cuenta el tiempo y las posibles interrupciones. Lo importante no es la naturaleza de la rutina, sino que exista y sea posible adherirse a ella.

Si bien los hábitos nos mantienen con los pies sobre la tierra, a veces no son suficientes para superar el día a día. Cuando normalmente se pasan las primeras horas de la jornada pensando qué se realizará antes de comenzar las reuniones de la mañana, el cerebro puede manifestar altercados. Esto se debe a lo comúnmente conocido como el “residuo de atención”, que implica que antes de pasar de una tarea a otra, la atención no se transporta de inmediato, generando un resto que queda atascado en la tarea original. Para superar este tipo de conflicto, las personas necesitamos una manera de decirnos formalmente que se terminó con algo y es momento de pasar a lo siguiente.

Es en este lapso donde aparecen los rituales, que son los comportamientos repetitivos que –a diferencia de las rutinas–, llevan consigo un significado más profundo que va más allá de una secuencia de acciones. Hay momentos claves durante el día laboral para ponerlos en práctica y aliviar los residuos de atención.

Los rituales son profundamente personales; podría ser ir a dar un paseo corto, tomar una taza de té o guardar los elementos de trabajo en donde corresponde. La acción en sí no es tan importante, sino más bien aquello que simboliza para el que la realiza: que haya terminado una parte del día y esté listo para pasar a la siguiente.

Este tipo de hábitos, según investigadores, ayudan a regular el autocontrol, alivian decepciones después de escuchar una noticia difícil de procesar, reducen la ansiedad antes de realizar una tarea estresante y mejoran el rendimiento, ya que nuestros comportamientos nos llevan a realizar conclusiones sobre nosotros mismos: cuando repetimos un ritual asociado a algo determinado, nos indica que somos disciplinados y estamos motivados y enfocados.

A pesar de la ausencia de una conexión causal directa entre el ritual y el resultado esperado, su realización puede producir algo en nosotros que parece ser suficiente para lograr el objetivo.

Si bien las rutinas son fáciles de explicar, nuestros rituales pueden ser extraños para otras personas del entorno. Por ejemplo, algunos deportistas son excesivamente supersticiosos y pueden llegar a usar el mismo par de medias durante todo un torneo oficial, creyendo que eso los ayudará a ser campeones. Entre los rituales de ciertas personalidades, se destacan:

- Simone de Beauvoir: la escritora y filósofa francesa siempre corrigió sus trabajos un día antes de comenzar algo nuevo.

“Si el trabajo va bien, paso un cuarto o media hora leyendo lo que escribí el día anterior y hago algunas correcciones. Solo después sigo a partir de allí. Para recoger el hilo tengo que leer lo que he hecho”, declaró.

- Winston Churchill: el político británico tomaba una siesta a la última hora de la tarde para separar su trabajo matutino del vespertino. Una vez, a las cinco de la tarde, después de tomar un whisky con soda, se fue a la cama por una hora y media. Más adelante, expresó que dicho descanso se trataba de un hábito adquirido en Cuba, que le permitía trabajar un día y medio cada 24 horas. Luego de despertarse, a las 18:30, se volvió a bañar y se vistió para cenar a las 20.

- Stephen King: el autor estadounidense, especialista en el género de terror, crea el mismo espacio laboral todas las mañanas, antes de ponerse en su estado mental correcto.

“Hay ciertas cosas que hago si me siento a escribir. Siempre tengo un vaso de agua o una taza de té. Hay un tiempo en el que me siento en algún lugar dentro de mi casa por media hora, generalmente de 8 a 8:30. Además, tengo una píldora de vitaminas y música, y me acomodo en el mismo asiento, donde los papeles están dispuestos en los mismos lugares. El propósito de hacer estas cosas de la misma manera todos los días, parece ser una forma de decirle a la mente que pronto estará soñando”, manifestó.

- Will Self: el periodista inglés fuma y bebe tés y cafés extraños.

“En mi trabajo sobrevivo al tiempo que paso solo gracias a mis rituales. Fumo pipas, cigarros de marcas especiales e utilizo todo tipo de accesorios. También ingiero café, té e infusiones extrañas”, señaló.

- Pablo Picasso: el artista español una vez se negó a tirar los restos de uñas y otros desechos corporales, por miedo a desperdiciar su esencia.

- Charles Dickens: el novelista británico solía dormir mirando al norte, creyendo que esto mejoraba su creatividad.

En definitiva, las rutinas impulsan el día, mientras que los rituales ayudan a superarlos. Las jornadas tienen una forma divertida de ir avanzando sin que uno se dé cuenta y en tanto que las rutinas ayudan a sentirnos con control de nuestro tiempo, los rituales hacen que sea posible ejecutar nuestros planes. Algunas veces, las acciones más simples son las indicadas para superar el día y mantenernos motivados.

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