Miércoles 13 de Noviembre de 2019

Aprender a ser un buen orador

Mónica Pérez de las Heras, fundadora y directora de la Escuela Europea de Oratoria, explica en su último libro cuáles son las áreas que tenemos que aprender a gestionar para mejorar nuestra oratoria

Aprender a ser un buen orador
miércoles 24 de octubre de 2018

La fundadora y directora de la Escuela Europea de Oratoria, Mónica Pérez de las Heras, explica en su nuevo libro “Oratoria con PNL” cuáles son las cinco áreas que tenemos que aprender a gestionar para optimizar la oratoria.

1. Gestión de las emociones. Refiere a la Inteligencia Emocional, es decir, a la capacidad para manejar las emociones. Para impedir que las emociones se interpongan en nuestra relación con los demás o en nuestras propias facultades mentales, es necesario aprender a controlar nuestros estados de ánimo y los impulsos. Un mal manejo de las emociones podría llevar a un orador a mostrarse nervioso e inseguro.

2. Gestión mental. En este punto, la especialista hace referencia a la utilización de las metodologías de la Programación Neurolinguística (PNL), la cual reconoce tres canales principales mediante los que se puede percibir un mensaje: la vista, el oído y el cuerpo. En cada persona suele predominar uno; por eso, es importante saber cuál es el dominante en la audiencia a la que te vas a dirigir. En caso de que ésta sea heterogénea, la autora recomienda apelar a un mensaje multisensorial.

3. Gestión de los tres tipos de lenguaje. Para ser un excelente orador es necesario aprender a manejar los tres tipos de lenguaje:

  • Lenguaje verbal: es el lenguaje natural, el que usamos de forma espontánea para comunicarnos con los demás de acuerdo a un código aprendido.
  • Lenguaje paraverbal: refiere a las variaciones que hacemos con la voz, tanto de la entonación y el volumen, como del ritmo, las pausas y los silencios. Según Pérez de las Heras, la voz hace que uno sea buen o mal orador en un 70%.
  • Lenguaje corporal: se trata de la comunicación no verbal; es decir, los gestos o movimientos que hacemos, por ejemplo, con las manos.

4. Gestión de los contenidos. Es fundamental que un discurso esté bien estructurado para poder llamar la atención de la audiencia en todo momento. Es por ello que un buen inicio es tan imprescindible como un buen final. La experta aconseja utilizar el factor sorpresa para captar la atención, ya que es una manera de garantizar que, para bien o para mal, se van a acordar de tu discurso.

5. Gestión de la actitud para sortear cualquier problema. De acuerdo a Peréz las Heras, hay tres cuestiones que ayudan a salir airosos ante cualquier percance durante un discurso:

  • Naturalidad: mostrarse tal cual uno es ayuda a la hora de resolver algún imprevisto como, por ejemplo, cuando no anda el proyector.
  • Humildad: siempre es preferible adoptar un perfil bajo y mostrarse como un aprendiz más.
  • Hablar desde el corazón: cualquier discurso que carezca de pasión no surtirá efecto en la audiencia. Por eso, un buen orador debe saber transmitir emociones al público.